Friday , 29 December 2017
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Un triste adios a chespirito

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Fue sin querer queriendo, y todo porque no le tuvimos paciencia. Hoy fue su último chispoteo, y de paso Chavito nos llevó el chanfle a todos, porque dinos: ¿cómo se vive en un mundo sin ti? Generaciones de niños, ahora adultos, que aprendieron a reír contigo hoy te dan su último adiós: Roberto Gómez Bolaños, el inolvidable Chespirito.

Un Shakespeare Chiquito

Nació en el Distrito Federal un 21 de febrero de 1928. La fecha parece tan lejana, lo que corresponde a una figura legendaria que marcaría la cultura popular latina del siglo XX y seguiría vigente hasta un nuevo milenio. Roberto Gómez Bolaños fue hijo de la secretaria bilingüe Elsa Bolaños-Cacho Aguilar y del famoso retratista y dibujante Francisco Gómez Linares. Criado en un hogar donde primaban el arte y la cultura, el futuro Chespirito creció con amor a la palabra escrita y a la creación artística. Aunque estudió ingeniería en la UNAM, nunca ejerció su carrera,  prefiriendo trabajar primero en publicidad y luego como guionista.

En las décadas siguientes, Roberto Gómez Bolaños se destacó como guionista de varias películas del dúo cómico Viruta y Capulina. También escribió para programas de televisión como “El Estudio de Pedro Vargas” y “Cómicos y Canciones”. Fue entonces que el director de cine Agustín P. Delgado lo apodó “Chespirito”, una deformación de “Shakespeare chiquito”, por su talento y universalidad  de sus personajes. Además porque Chespirito medía solo 1.60.

En los 60’s, Chespirito incursionó fugazmente en la actuación en filmes como “Dos Criados Malcriados” y “La Hermana Trinquete”, pero su entrada triunfal en el mundo de la actuación fue en un programa de sketches cómicos llamado “Los Supergenios de la Mesa Cuadrada” en 1968. Dos años más tarde, el éxito del programa hizo que lo extendieran a una hora. Ahí nació ese súper héroe desmañado que conocemos como El Chapulín Colorado.

En 1972, apareció el Chavo del 8. Parecía imposible que un personaje de niño de la calle que vivía en un barril, y que era interpretado por un cuarentón, pudiera gustar al público. El Chavo arrasó. El programa se llamó “Chespirito“, se dividió en dos segmentos, uno dedicado al Chavo y su vecindad, el otro a las proezas del Chapulín.

Tanto era el éxito de Chespirito que se le importó a Latinoamérica y luego a España. Por tres décadas, los niños hispano-parlantes, han sabido antes de ir a la escuela, lo que significan “las antenitas de vinil” y lo grave que es ser pobre, no tener hogar o no tener con qué pagar la renta. Frases como “no contaban con mi astucia” o “se aprovechan de mi nobleza” las usamos diariamente sin reparar que las aprendimos viendo al Chapulín Colorado.

No contaban con su astucia

La fama de Chespirito crecía día a día con nuevos personajes todos con nombres que comenzaban con “ch”: El Chómpiras, Chaparrón Bonaparte y El Dr. Chapatín.  La “ch” no estaba restringida sólo a los nombres de los personajes. El Chapulín tenía su famoso Chipote Chillón y las pastillas de Chiquitolina. Chespirito inventó hasta una semi-palabrota:  “Me lleva el Chanfle” que cuando interpretaba al Tenorio se convirtió en “Voto al Chanfle”.

Aparte de los personajes interpretados por Roberto Gómez Bolaños, todo su elenco alcanzó fama mundial. Todo el mundo conocía a Carlos Villagrán como el consentido Kiko; a Florinda Meza, como su gruñona madre Doña Florinda; a María Antonieta de las Nieves como la traviesa Chilindrina; Ramón Valdés como su sufrido padre; Édgar Vivar como su casero el Señor Barriga, y Rubén Aguirre como el Profesor Jirafales, maestro del Chavo y de sus amigos.

De la televisión, Chespirito pasó al cine donde sus personajes aparecieron en las taquilleras “El Chanfle” y “El Chanfle 2”. Hay revistas con los personajes de Chespirito, la popular versión animada del Chavo e incluso videojuegos. Las series han sido dobladas a 25 idiomas y se dice que The Bumble Bee Man el héroe favorito de Homero Simpson está basado en El Chapulín Colorado.

Chespirito tuvo en su haber innumerables premios y reconocimientos. Llenó los estadios de todo un continente con sus presentaciones. Desde el Luna Park, de Buenos Aires, hasta el Madison Square Garden se han atestado para verlo a él y a su equipo. En 1977, el Festival de la Canción de Viña del Mar, en Chile, se llenó – no para ver a ningún cantante, sino para presenciar el espectáculo de Chespirito. En febrero de 2012 recibió un emotivo homenaje denominado “América celebra a Chespirito” en el que famosos de la talla de Thalía y Juan Gabriel celebraban los 40 años de trayectoria artística.

¿Dónde estuvo la clave de ese éxito increíble? En gran parte se debe a los guiones de Roberto Gómez Bolaños, que como Shakespeare, sabía tocar las fibras del corazón humano para hacer al público reír o conmoverse. Su respeto por la cultura popular se combinaba con su conocimiento de la psicología humana sobre todo de la infantil. En una era donde el sexo y la violencia son parte obligatoria del entretenimiento, Chespirito conservó un impecable humor blanco que nunca se tiñó de excesos ni vulgaridades.

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